Chebro  Gobierno de España  Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente  Confederación Hidrográfica del Ebro
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Ecosistemas

  • Los ecosistemas de España se encuadran biogeográficamente en tres regiones: Eurosiberiana, Mediterránea y Macaronésica, dentro de las cuales se definen hasta catorce pisos bioclimáticos y catorce provincias de botánicos. La DHE pertenece principalmente a la Eurosiberiana y a la Mediterránea. En el inventario de las distintas especies animales y vegetales asociadas a dichos ecosistemas, destacan las especies endémicas peninsulares Cobitis calderoni, Cobitis paludica, Chondrostoma arcasii y Squalius pyrenaicus, entre los peces, y el limonostro (Limonastrium monopetalum) y el zigopilo (Zygopuillum album) entre las vegetales. También destaca la presencia del molusco Margaritífera auricularia, para el que la cuenca del Ebro conserva la única población mundial viable. Los ríos, ramblas, torrentes y zonas húmedas juegan un papel importantísimo como corredores, refugio y albergue de toda la diversidad biótica continental existente en el ámbito territorial.
    Entre los ecosistemas principales encontramos:
    Ecosistemas acuáticos
    Estos ecosistemas se ubican en el seno del cauce, tanto en el interior del agua como en los fondos y sobre la superficie libre de la lámina de agua; son extremadamente sensibles a la contaminación y otras alteraciones antrópicas, siendo cada vez menos frecuentes los tramos fluviales que no se encuentren bastante o muy degradados.
    Entre las comunidades vegetales acuáticas, hay citadas en el Ebro más de 150 especies de macrofitos y macroalgas (J. Cambra com. per.). Entre éstas destacan varias Pteridífitos (3 especies de Isoetes), briófitos (Riccia fluitans y varias especies de Sphagnum), algas caráceas (16 especies, entre las que destaca Nitella tenuisima) y otras algas (Coleochaete pulvinata, Sphaeroplea africana, Gymnodinium fuscum y Ceratium cornutum, entre otras); entre los espermatófitos tiene la mayor valoración Potamogeton praelongus. La vegetación acuática incluye, tanto las hidrófitas de libre flotación como las hidrófitas fijas al sustrato. Las primeras viven sobre aguas remansadas sin enraizarse nunca al sustrato, entre ellas, diferentes tipos de algas y plantas fanerógamas de la familia de las lemnáceas como las lentejas de agua (Lemna minor y sp.) y la Wolfia sp. Entre las hidrófitas que viven fijas al sustrato se pueden diferenciar tres grupos o ecotipos. El primero de ellos corresponde a plantas que presentan la mayor parte de sus hojas sumergidas, como la espiga de agua (Potamogeton sp.) y los Ranunculus de vistosas hojas y flores. El segundo ecotipo incluye los nenúfares, que presentan todas sus hojas flotantes (Nuphar luteum y Nymphea alba) y el tercero lo constituyen las abundantes plantas helofíticas que disponen de tallos y ramificaciones aéreas, como los carrizos (Phragmites sp.), espadañas (Typha sp.) y juncos (Juncus sp. y Scirpus sp.).
    En estos ecosistemas se desarrolla abundante fauna. La comunidad de invertebrados es sumamente diversa y posee especies de notable interés biogeográfico y ecológico. Ejemplos muy significativos de la rica biodiversidad de la demarcación se encuentran también entre los crustáceos, braquiópodos y copépodos. Entre los que sólo aparecen en la cuenca del Ebro dentro del ámbito ibérico, se pueden citar especies boreoalpinas como Eudiaptomus vulgaris y Alona rustica, que viven en los Pirineos, Eudiaptomus padanus, un copépodo que sólo se conoce en los Estanys de Bastúrs y en lagos, también cársticos, de Italia, y Cyzicus tetracerus, un concostráceo que forma parte de una interesantísima comunidad de hábitats esteparios en la laguna de La Zaida.
    Entre los moluscos, destacan los pelecípodos como el mejillón de río (Margarita margaritífera) y es especialmente destacable la presencia de Margaritífera auricularia, para la que la cuenca del Ebro conserva la única población mundial viable. Aparece en tres tramos: una en el bajo Ebro en tierras de Cataluña, otra aguas arriba de Zaragoza (Alcalá-Pradilla) y otra en el canal imperial de Aragón, aunque también se encuentran individuos en otras zonas como en los meandros del Ebro en Sástago (Zaragoza) o en el canal de Tauste. M. auricularia es una especie estrictamente protegida en España y en la Unión Europea (incluida en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas con la categoría "en peligro de extinción", en el  Anexo IV de la Directiva de Hábitats, y en el anexo II del Convenio de Berna, entre otros). Otras especies de moluscos bivalvos de interés presentes en la demarcación son Anodonta cygnea, Podomoda littoralis y Unio elongatulus, todas incluidas en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.
    Finalmente cabe citar crustáceos como el cangrejo de río (Austropotamobius pallipes), hoy en día muy diezmado y cuyo nicho ecológico ha sido ocupado por especies introducidas como el voraz cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii).
    Entre los vertebrados son de interés los anfibios como la rana común (Rana ridibunda) o la ranita de San Antonio (Hyla meridionalis), y los reptiles entre los que destaca la culebra viperina (Natrix maura) el galápago europeo (Emys orbicularis) y el galápago leproso (Mauremys caspica).
    El número de especies autóctonas presentes en la cuenca del Ebro representa el 48% de las especies citadas en la Península Ibérica, por consiguiente se trata de una ictiofauna rica y diversa. Son destacables ciertos endemismos peninsulares, Cobitis calderoni y C. paludica, Chondrostoma arcasii y Squalius pyrenaicus. Otras especies endémicas de España, como Barbus graellsii, Barbus haasi, Chondrostoma miegii, Aphanius iberus, y Valencia hispanica. Están  señaladas en peligro de extinción Salaria fluviatilis y Valencia hispanica.
    De entre la ornitofauna nidificante ligada a los ríos más significativa, cabe destacar a la polla de agua (Gallinula chloropus), la  focha común (Fulica atra), el ánade real (Anas platyrhynchos) y el buitrón (Cisticola juncidis) entre las más abundantes y representativas.
    Ecosistemas riparios
    Son ecosistemas caracterizados por su elevada autonomía respecto al ambiente climático del entorno, desarrollándose sobre los suelos de mayor humedad edáfica de los márgenes de los ríos y áreas de descarga hídrica de la capa freática; reflejan una notable anomalía hídrica, ambiental y paisajística dentro del contexto biogeográfico del territorio. La vegetación de ribera tiene un gran interés dada su estrecha relación con los ambientes acuáticos, a los que proporcionan estabilidad física (en las riberas) y contribuyen a limitar la eutrofia y la contaminación (retención de nutrientes y contaminantes); por otro lado proporcionan protección y alimento a numerosas especies faunísticas.
    En el bosque de ribera la vegetación se organiza en tres grandes estratos según su porte: arbóreo, arbustivo y herbáceo. El estrato arbóreo está compuesto por especies ligadas a suelos con mayor o menor humedad edáfica, siendo los sauces (Salix atrocinerea, S. triandra, S. alba, S. salvifolia, S. purpurea, S. elaeagnos y S. fragilis) los que soportan mayor grado de inundación y se sitúan por tanto en la primera línea del margen fluvial, acompañados de otras especies resistentes a las fluctuaciones hídricas y de salinidad del suelo como el tamariz, taray o taraje (Tamarix gallica, T. canariensis y T. africana). A continuación se distribuyen los álamos (Populus alba), chopos (Populus nigra) y alisos (Alnus glutinosa), conviviendo con numerosas variedades de híbridos de procedencia dispar. A medida que se produce el distanciamiento del cauce aparecen paulatinamente especies como los fresnos de hoja estrecha (Fraxinus angustifolia) y los menos exigentes en humedad del suelo de entre los árboles riparios, los olmos (Ulmus minor), muy diezmados por la grafiosis, finalizando la sucesión de especies transversales al mismo y llegando a entrar en contacto con la vegetación climatófila propia del territorio.
    El estrato arbustivo es muy variado, arbustos del género Rosa, Rubus y Crataegus son algunos de los más frecuentes así como diferentes plantas trepadoras como las Clematis vitalba, Hedera helix, Rubia peregrina, Lonicera periclymenum, Tamus communis, Cynanchum acutum, Galium aparine, etc. La vegetación herbácea incluye especies de familias como las gramíneas, las ciperáceas (Carex sp.) y las juncáceas.
    Las comunidades animales de los ecosistemas riparios son extraordinariamente biodiversas debido a las benéficas condiciones ambientales y climáticas de las riberas, asentándose en ellas una gran variedad de especies, tanto permanentes como migradoras estacionales. Entre la aves destacan todas las que al amparo de la vegetación riparia pueden establecer sus nidos, refugios y dormideros como la familia de las garzas (Ardeidae) con especies como el martinete (Nycticorax nycticorax), la garceta común (Egretta garzetta), la garza imperial (Ardea purpurea) y la garza real (Ardea cinerea); otras utilizan la espesura vegetal como dormideros, lugares de nidificación y refugio, son las familias de las anátidas, rállidos, limícolas y ardeidas. Dos especies de cigüeñas (Ciconidae) están ligadas a los hábitats riparios de la cuenca del Ebro, la cigüeña blanca (Ciconia ciconia) y la cigüeña negra (Ciconia nigra) que tienen sus lugares de nidificación cercanos a cursos fluviales y embalses de agua con abundantes peces.
    Algunas aves rapaces como el águila pescadora (Pandion haliaetus), el aguilucho lagunero (Circus aeruginosus) y el cernícalo primilla (Falco naumanni) organizan su vida en gran parte bajo el cobijo y recursos que ofrecen los taludes rocosos, sotos riparios y vegetación circundante a los cursos de agua.
    Otras aves de pequeño tamaño utilizan los sotos y bosques de ribera como morada permanente o refugio habitual, cabe mencionar al emblemático martín pescador (Alcedo atthis), a las llamativas oropéndolas (Oriolus oriolus), escribanos (Emberiza sp.), mirlos acuáticos (Cinclus cinclus), currucas (Sylvia sp.), lavanderas (Motacilla sp.), ruiseñores comunes (Luscinia megarhynchos) y abejarucos (Merops apiaster).
    En las cotas más altas de la pirámide trófica de los ecosistemas están presentes los mamíferos. La cada vez más abundante nutria (Lutra lutra), el más genuino de los mamíferos acuáticos de los ríos ibéricos, otros mamíferos que habitan en el entrono de los cursos fluviales de la cuenca hidrológica son la rata de agua (Arvicola sapidus), el turón común (Mustela putorius), la gineta (Genetta genetta), el zorro (Vulpes vulpes), el gato montés (Felis silvestris) y el visón europeo (Mustela lutreola) actualemente desplazado por el visón americano (Mustela vison) procedente de fugas incontroladas de granjas peleteras.
    El conjunto de los sotos del Ebro se encuentra muy fragmentado en el espacio, muy reducido superficialmente y enormemente impactado por la acción humana; destacan por su grado de conservación y superficie el soto de los Americanos, el soto de San Martín y los sotos de Alfaro en La Rioja, el soto de Ramalete en Navarra y los sotos asociados a los galachos de Juslibol y La Alfranca, el soto de la Casa de Quinto y el soto de Aguilar en Zaragoza. Fuera del cauce del Ebro también resultan especialmente destacables los sotos de los ríos Aragón, Arga, Irati, Gállego, Cinca y Segre.
    Ecosistemas esteparios de la cuenca del Ebro
    Las estepas presentes en la cuenca del Ebro pueden incluir tanto a pequeñas planicies estepizadas de difícil drenaje con presencia dispar de vegetación arbustiva y otras plantas leñosas de mayor o menor carácter xerofítico, como a las amplias extensiones de las Bardenas Reales, Monegros, Campo de Belchite y Bajo Aragón de carácter propiamente estepario, con vegetación halófila-gipsícola propia de los suelos salinos.
    La vegetación clímax dominante en las estepas del centro de la depresión del Ebro está constituida por la sabina albar (Juniperus thurifera), muy resistente a las bajas temperaturas invernales, suelos pobres y sequía estival; mientras que en zonas de clima más benigno son los encinares y coscojares; en ambos casos su degradación hace aparecer diversos tipos de arbustos como los espinos (Rhamnus saxatilis, Rhamnus lycioides), las aliagas o aulagas (Genista scorpius, Genista rigidissima), y el matorral formado por salvias (Salvia sp.), tomillo (Thymus vulgaris), espliego (Lavandula latifolia), ontina (Artemisia herba-alba), romero (Rosmarinus offcinalis), capitana (Salsola kali). En zonas salinas aparecen otras especies más o menos heliófilas y gipsófilas como la sosa (Suaedera vera), la salicornia (Salicornia ramosissima), el sisallo (Salsola vermiculata) y los tamarices o tarays (Tamarix africana).
    De entre la fauna destacan sin duda las aves como la terrera (Calandrella brachydactila), la ortega (Pterocles orientalis), el alcaraván (Burhinus oedicnemus), el sisón (Tetras tetras), la ganga (Pterocles alchata) y la alondra (Alauda arvensis) y rapaces como el aguilucho pálido (Cyrcus cyaenus), el aguilucho cenizo (Cyrcus pygargus) y el cernícalo o esparbel (Falco tinnunculus).
    Ecosistemas fluviales de montaña.
    La mayor influencia climática, la regularidad hidrológica del cauce, las acusadas pendientes de las laderas, el menor espacio disponible para la vegetación riparia, la presencia de aguas transparentes y lechos rocosos o con abundantes cantos rodados confiere una singular presencia de taxones vegetales en buena parte distintos a los existentes en los sectores medios y bajos de los cursos fluviales.
    En cuanto a la vegetación riparia, los sotos y bosques de galería están formados por muchas de las especies de los tramos medio y bajos pero con la aparición de otras especies en función de los diferentes microclimas, composición del sustrato, orientaciones, topografía e intervención humana. Son especies riparias típicas el álamo temblón o tremoleta (Populus tremula), los falsos tarays (Myricaria germanica), los fresnos (Fraxinus angustifolia) y robles melojos (Quercus pyrenaica); se entremezclan los boj (Buxus sempervirens), tilos (Tilia platyphyllos), tejos (Taxus baccata), serbales de los cazadores (Sorbus aucuparia), avellanos (Corylus avellana), arces (Acer monspessulanum) y algunas hayas (Fagus sylvatica), abedules (Betula alba) y pinos negros (Pinus nigra).
    En los tramos de cabecera son dominantes los salmónidos; son las especies de peces mejor adaptadas a sus aguas rápidas, frías y oxigenadas, estando representados en la cuenca del Ebro por la trucha (Salmo trutta), acompañada ocasionalmente y en ambientes no selectivos de otras especies.
    Entre la fauna no piscícola que vive en los tramos fluviales de montaña hay que destacar de entre los mamíferos a la nutria (Lutra lutra), el musgaño de Cabrera (Neomys anomalus) el visón europeo y el desmán de los pirineos (Galemys pirenaicus). Entre las aves destaca el buitre leonado (Gyps fillvus), el águila real (Aquila chrysaetos), el alimoche (Neophron percnopterus), el búho real (Bubo bubo), y el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), entre otras aves rapaces. Otras especies destacables son anfibios tan característicos del Pirineo como la rana bermeja (Rana temporaria) y el tritón pirenaico (Euproctus asper).
    Ecosistemas en el delta del Ebro
    Su considerable papel en el campo biológico contrasta con la profunda humanización de gran parte de su superficie y con su no menos considerable peso agrícola.
    La vegetación del delta del Ebro es muy rica en taxones, los últimos catálogos florísticos señalan 515 especies. Las zonas salobres, con plantas muy adaptadas, se encuentran especialmente en los puntos de contacto entre el delta y el mar, donde aparecen con frecuencia dunas más o menos fijadas por la vegetación; destacan la arenaría (Ammophila arenaria), el tártago de mar (Euphorbia paralias), los pancracios marinos (Pancratium maritimum), los carrizales (Phragmites communis) ubicados en zonas con el nivel freático somero, que es sustituido por otras especies como Cladium mariscus, espadañas (Typha sp y Carex sp) cuando ese nivel está más profundo. Los bosques de ribera presentan especies de interés como Lonicera biflora ("lligabosc de riu"). Los arrozales comportan también un tipo de vegetación espontánea; en los pequeños lagos de agua dulce, conocidos por "ullals", crecen nenúfares (Nymphaea alba), y espigas de agua (Potamogeton sp). Destacan varias especies endémicas y relictas de gran valor ecológico como el limonostro (Limonastrium monopetalum) y el zigopilo (Zygopuillum album).
    Los peces son abundantes de entre los vertebrados, a causa del importante papel que el agua tiene en el delta y de los distintos grados de salinidad, los esturiones, las anguilas (Anguilla anguilla) y las lampreas (Petromyzon marinus) han disminuido drásticamente, igual que los sábalos (Alosa alosa), pero por otro lado han aparecido especies nuevas, abundando las de familias como mugilidos, ciprínidos, serránidos.
    En lo que se refiere a los mamíferos, la intensa humanización del delta condiciona la presencia de los grandes mamíferos, que es esporádica como es el caso de los jabalíes (Sus scrofa) o de los tejones (Meles meles), pero consta la presencia en tiempos pasados de ciervos (Cervus elaphus) y corzos (Capreolus capreolus). Actualmente quedan algunos conejos de monte (Oryctolagus cuniculus) y se crían zorros (Vulpes vulpes), así como perduran unos pocos ejemplares de nutrias (Lutra lutra) o erizos (Erinaceus eurpaeus). Son en cambio muy frecuentes las ratas y ratones y las musarañas (Crocidura sp); la población de murciélagos, antes extraordinariamente numerosa, ha decrecido mucho.
    La avifauna del delta es muy relevante, nidifican más de 27.000 parejas de aves acuáticas y es zona de invernada para más de 180.000 individuos (Seo BirdLife 1999); el promedio de aves censadas entre 1992 y 2001 es de 126.091 (www.seo.org/2003) y el catálogo de especies llega a 330 especies (60% del total europeo). Incluye especies de gran interés como la canastera (Glareola pratincola), el pato cuchara (Anas clypeata) y el ánade silbón (Anas penelope), el tarro blanco (Tadorna tadorna), el ánade friso (Anas strepera), la cerceta común (Anas crecca) y el porrón común (Aythya ferina); además destacan aves como el aguilucho lagunero (Circus aeruginosus), la lechuza campestre (Asio flammeus), el martinete (Nycticorax nycticorax), la garcilla cangrejera (Ardeola ralloides), la garceta común (Egretta garzetta), el flamenco (Phoenicopterus ruber), el ostrero (Haematopus ostralegus) o la gaviota de Audouin (Larus audouinii) (el 60% de la población mundial, unas 11.500 parejas, se encuentra en el delta del Ebro) entre muchas otras.
    Ecosistemas marinos relacionados
    Todas las aguas del Mediterráneo que rodean el delta están afectadas por la inyección de agua dulce procedente del Ebro. Cabe diferenciar las bahías deltaicas donde esta influencia está muy marcada de la costa exterior del delta donde la influencia es más tenue aunque evidente. El ambiente marino también se deja sentir en el estuario del Ebro, por el que penetra una cuña salina bajo las aguas dulces que se deslizan por encima hacia el mar.
    Esta singularidad y estos fuertes gradientes favorecen la diversidad siempre asociada a los ecotonos. Es sabido que las desembocaduras de los grandes ríos son entornos pesqueros más ricos que su vecindad, tanto por el ensanchamiento de la plataforma a expensas de la acrección deltaica como por la fertilización que llega a través del río, y la especial atracción que supone el aporte de agua dulce para determinadas especies. Tal es el caso de las sardinas (Sardina pilchardus) y las anchoas (Engraulis encrasicolus) como se demuestra en Lloret y otros (2004), evidenciando que la influencia faunística del Ebro y del delta no acaba en la línea de costa, como ya apuntaron en su momento Margalef (1963), Margalef y Herrera (1963), San Feliu (1973), Meneses y Massó de Ariza (1983) del Instituto Español de Oceanografía.
    Algunas especies de peces de la desembocadura del Ebro constituyen fuertes atractivos para la pesca deportiva. Las costas del Ebro son ricas en peces muy apreciados como: palometa, palometones, serviolas o pez limón, lubinas, mantas e incluso atunes. Por su parte, el agua de las bahías resulta excepcionalmente rica en plancton debido a su poco fondo y elevada temperatura, así como a la fertilización que reciben desde los cultivos del delta. Así, allí encuentran un adecuado lugar de cría numerosos alevines de diversas especies; también es un lugar adecuado y muy utilizado para la producción de moluscos: mejillón, almeja, ostra. Su degradación ambiental ha afectado a algunos géneros, antaño abundantes y hoy en claro retroceso, como las navajas, y afecta igualmente a la producción del mejillón (en la bahía de los Alfaques pueden existir más de 100 bateas mejilloneras).

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